Turismo en Benidorm
Sobre Benidorm
Esta ciudad constituye la cuna del turismo, pues en ella se inventaron por primera vez en España los reclamos del sol y la playa, aderezados con raciones de paella en los restaurantes localizados a la vera de su paseo marítimo que, seguramente, se devorarían con el bañador puesto. La metrópoli, que crece, desquiciada, hacia arriba, brinda chapuzones en la playa de Levante, además de jornadas enteras en el parque de atracciones de Terra Mítica, aunque también permite al viajero alternar con la fauna de Terra Natura. Asimismo, el skyline de Benidorm ofrece rascacielos como los del Hotel Bali, a los que se agrega el formidable perfil del Puig Campana (1.406 metros). Dicha ciudad aguarda al trotamundos en la provincia de Alicante, en la denominada Costa Blanca.
Una vez que el interesado tenga claro su objetivo, debe elegir el modo más óptimo para arrimarse a las bondades de esta ciudad alicantina perteneciente a la comarca de la Marina Baja. Así que, para aquellos que se decanten por el avión, el aeropuerto más cercano es el de Alicante (El Altet) que se encuentra a unos 43 kilómetros. Los recién desembarcados pueden optar por adscribirse a la ruta regular que conecta el aeródromo con Benidorm. Por cierto, dicho servicio lo proporciona la empresa de autocares Alsa. Por supuesto, los cómodos taxis siempre saldrán en socorro de los turistas. En cambio, si el viajero no desea apearse de su automóvil tiene a disposición de sus ruedas una excelente red de carreteras. Por lo tanto, los interesados no deben olvidar el nombre de estas arterias que les pondrán en ruta a Benidorm: Autopista AP7 o la Carretera Nacional 340.
La economía benidormí se alimenta, básicamente, de la industria del turismo. De este modo, se han ido relegando sectores tradicionales como la huerta o la pesca. Sin embargo, los estrategas de Benidorm han incluido en su apuesta de ciudad el campo de los negocios y, por tanto, los innumerables hoteles diseminados por la urbe reservan espacios para la celebración de congresos y convenciones.
Visitas esenciales
A pesar de que muchos de los viajeros no querrán despegarse de su hamaca playera, será preciso convencerlos para que se calcen las botas de caminante y recorran de cabo a rabo esta hermosa ciudad que lleva siglos construyéndose (especialmente durante el último cuarto del siglo XX).
La isla de Benidorm
Sobre el origen de este peñasco encajonado en el mar circula una historia acerca de un gigante llamado Roldán y su amada, la cual se encontraba muy enferma. El mal que aquejaba a la joven devendría mortal en cuanto el sol se ocultara, puesto que ella necesitaba sus rayos para sobrevivir y, por eso, para demorar el atardecer, el gigante propinó una tremenda patada al Puig Campana. De este modo, una roca se desprendió y cayó en el mar formando esta isla que ahora nos ocupa.
Poblado ibérico de El Tossal
Al término de la playa de Poniente, se localiza este asentamiento ibérico tardío (siglo III a I a. C.). Las primeras excavaciones se llevaron a cabo durante los años 40. Por desgracia, sólo es visible un escaso porcentaje del antiguo poblado, dado que el 85 por ciento ha sido estragado por el urbanismo de la zona.
Iglesia de san Jaime y santa Ana
Esta localidad se guarda bajo la manga algún que otro as para sorprender al trotamundos como esta iglesia que se levanta en el cerro del Canfali y que fue construida entre 1740 y 1780.
Alrededores
Sella
Dicho municipio apenas rebasa los 600 habitantes y se encuentra a unos 26 kilómetros de Benidorm. Supone un encuentro con la naturaleza y unas montañas vertiginosas. El visitante avezado en la escalada se habrá topado con uno de las escuelas más transitadas de España pero, ante todo, con un paraje emparentado en belleza con el parque Yosemite de EE.UU.
Gastronomía
Los restaurantes de la ciudad tratarán de maravilla al estómago del viajero en cuanto éste emprenda sus rugidos de hambre. Quizás al comensal se le ofrezca la oportunidad de catar alguno de los guisos más arcaicos de la zona como el arroz caldoso con salmonetes y calabaza, un arroz con habichuelas y nabos o arroz con boquerones y espinacas. La culminación a esta rica herencia gastronómica la traerán los bollos de san Blas, consistentes en una torta de almendras cuyo origen se remonta a los árabes. Podemos dar pistas sobre qué lugares hervirán de comensales durante las horas de la comida o decirlo claramente: los restaurantes de la playa de Levante. En esta ciudad, además, conviven locales dedicados a la cocina internacional que permitirán al estómago del viajero dar la vuelta al mundo en un par de horas.
Otros destinos: Caños de Meca y Mojacar
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